7 años
de trayectoria desde su apertura en 2019
de trayectoria desde su apertura en 2019
Con vistas a duplicar el equipo
Pacientes altamente satisfechos
”Yo ahora mismo soy un cuello de botella. Muchas cositas pequeñas me quitan energía de las cosas grandes
Fundador de C.A.,Clínica especializada en Galicia
Clínica especializada en cirugía de pie y tobillo
Proyecto de Implantación
Conocimiento interno centralizado, tareas visibles y captación de pacientes mejor cualificada.
Su fundador dirigía, atendía, operaba y enseñaba, y todo acababa pasando por él; ante una larga lista de ideas de IA y automatización, Marenza ordenó las prioridades por impacto, coste, facilidad de adopción y riesgo sobre datos sanitarios, y acompañó tres frentes concretos.
El crecimiento comercial y clínico de C.A. funcionaba, pero la estructura interna no había evolucionado al mismo ritmo. Las tareas llegaban mediante notas, recordatorios, mensajes y avisos de agenda. Los procedimientos estaban repartidos entre documentos, conversaciones, correos y conocimiento no escrito. Cuando surgía una incidencia o una decisión fuera de lo habitual, acababa llegando al fundador, que compensaba dedicando noches y fines de semana a la gestión.
El punto de partida era sólido: no faltaba trabajo ni capacidad profesional.
”No quiero quitarme el trabajo encima, pero sí quiero que sea más fácil.
El fundador llegó con numerosas ideas de inteligencia artificial y automatización: mejorar la redacción de informes, responder mensajes de pacientes, automatizar seguimientos posquirúrgicos, crear un primer filtro asistencial y conectar herramientas. Algunas tenían recorrido, pero implantarlas todas habría añadido coste, complejidad y riesgo, especialmente con datos sanitarios. Antes de automatizar, había que decidir qué problemas merecía la pena resolver, qué debía seguir siendo humano y qué necesitaba antes un proceso claro.
El trabajo comenzó revisando los canales de entrada de pacientes, el software clínico, la gestión de consultas y las tareas administrativas. Cada posible solución se valoró según su impacto, su coste, su facilidad de adopción y su riesgo sobre los datos.
Eso permitió descartar o aplazar proyectos que no compensaban. La preparación de informes, por ejemplo, ya había pasado de unos 40 minutos a cerca de 10; automatizar el último tramo exigía integraciones con información clínica sensible y el beneficio adicional no justificaba el riesgo. En lugar de acumular tecnología, se eligieron tres frentes:
Se diseñó en Notion una estructura adaptada a la operativa real. No consistía en trasladar documentos a otra herramienta, sino en convertir el conocimiento de la dirección en información ordenada y fácil de consultar.
Se crearon dos espacios: uno para administración y recepción, y otro para facultativos. Incluyen el mapa completo del paciente, criterios de citación y derivación, respuestas estandarizadas, contactos y servicios técnicos, normas internas, gestión de incidencias, procedimientos quirúrgicos y pautas de actuación. El acompañamiento se centró en la arquitectura, la navegación, los permisos y la forma de presentar la información; el fundador desarrolló el contenido y adaptó la herramienta a su clínica.
Para que las peticiones dejaran de aparecer en papeles, mensajes o notas de agenda, el equipo empezó a trabajar con Trello. Se eligió una herramienta sencilla porque el primer objetivo era cambiar el hábito, no implantar el sistema más avanzado. Las tareas se organizaron por responsables y estados, y se revisó su uso real para incorporar prioridades, fechas límite, instrucciones claras y seguimiento sin sobrecargar el tablero.
Se acompañó el diseño de una aplicación para pacientes interesados en cirugía. Con preguntas sobre su problema, tratamientos previos y limitaciones, ofrece una orientación inicial, muestra un rango aproximado de precio y permite enviar fotografías y datos de contacto.
No sustituye la valoración clínica. Su función es filtrar mejor las consultas, evitar desplazamientos innecesarios y hacer que el equipo contacte con pacientes que ya conocen el tratamiento y su rango económico. Se definió el recorrido, las preguntas y la lógica de decisión, se publicó un primer prototipo y se revisaron las mejoras; el fundador continuó el desarrollo con su colaborador.
Conocimiento operativo centralizado: una base interna viva, separada por perfiles, donde el equipo consulta procedimientos, respuestas y criterios sin depender de documentos dispersos ni de preguntar siempre a la dirección.
Gestión de tareas compartida: las peticiones que quedaban en papeles o notas se gestionan en un tablero común, con responsables, estados y fechas visibles, lo que reduce el riesgo de olvidos.
Estructura preparada para crecer: la clínica cuenta con una base para incorporar y formar a nuevas personas con más rapidez, y los procedimientos dejan de transmitirse solo de palabra.
Herramienta para cualificar pacientes: desarrollo de un primer prototipo que permite orientar al paciente sobre su problema y el rango aproximado de inversión, con el objetivo de filtrar mejor las consultas antes de la valoración clínica.
El resultado no fue implantar tecnología por implantarla, sino construir una operativa más ordenada y compartida, capaz de sostener el crecimiento.
Ordenar las ideas por impacto, coste, adopción y riesgo permite concentrar el esfuerzo en pocas piezas que funcionen, y proteger lo que debe seguir siendo humano.